Por: Viviana Mazón

¡Qué cuarentena tan ruidosa!

De tanta calle vacía en la cabeza, van gritando los recuerdos…

¿Qué pasó? pues que esos hijueputas lo mandaron al matadero. Recién había entrado. Un entrenamiento culo y mucho voluntarismo. Eso es lo único que necesitaron. A él y a Lola los mandaron a poner la bomba frente al sindicato ese que vendió la huelga. Y la puso, no crea; un culigao ahí, pero la puso.

Lola estaba parchada en la esquina. Una señora con dos niños iba entrando. Él no era malo y todavía no creía en los daños colaterales ni en los sacrificios necesarios. No le dio tiempo de que le terminaran de enjuagar el cerebro. Salió corriendo, cogió la bomba y se montó al carro. Bum gonorrea. Quedó la revolución en pedacitos de carne roja.

Pedacitos rojos como los ojos de la Mona de tanto llorar a su negro…

Van casi cuarenta años y el amor nunca le volvió a calar los huesos.

Jesús Abad Colorado, Exhumación Yolombó Antioquia, 1999
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