Por Laniakea

¿Qué es este estertor tortuoso?
¿Esta prisa que todo lo vuelve borroso?

R.L.

Día no sé qué del cuidarnos/encierro. Carefree suena mientras escribo y como dice la canción si vives sin preocupaciones seguramente no eres como nosotros. Este, sin lugar a dudas, no ha sido el mejor año; desde que empezó ha sido una constante lucha por no romperme, por continuar con la llama, la visión. Pero la cuarentena, que parece un huracán, pone en juego las energías, la paciencia y la vida. Para algunos el encierro significa el encuentro consigo mismo: confrontarse, devorarse y hallarse; para otros significa sobrevivir, decidir  entre el virus o el hambre, el arriendo, los servicios y las deudas. Y es que los cursos continúan, debemos seguir, no abandonar la Universidad… seguir en clases, discusiones, reuniones, micrófonos, cámaras, zoom, meet, computador lento, licuadora encendida, televisor, familia, desespero, abandonar, click.  

Como una espiral voy pasando del no quiero hacer nada al quiero hacer todo, del quiero estar dentro (de mi) al tengo que estar fuera (con otros); y es que al viejo y al pajarillo les  hubiera tocado una cuarentena más llevadera en la montaña, alejados de la gente, cercanos de sí. Porque si he comprendido algo es que esta cuarentena para lo que menos ha servido es para encontrarme a mí mismo. 

Luego de ascender a lo más profundo, cuando toco fondo, cuando me entrego al dolor -como cuando te sacan una muela-, es cuando me levanto; no puedo controlar lo que pasa, pero puedo controlar cómo me afecta -me digo- y es ahí, en ese momento, cuando puedo escribir, cuando puedo cantar I won’t complain,  cuando tengo la llama, la visión, cuando puedo ser como la palmera que se dobla pero aguanta el huracán; todavía falta mucho camino, mucha cuarentena, mucho cansancio, muchos aprendizajes.

¿Por qué lloras? ¿Acaso no ves la belleza de la vida?
La flor de aprendizaje que nace de cada herida

R.L.
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