Por: Luis Fernando Mazón

Nos movemos en el mundo de manera muy original, de un lado para otro y sin ningún rumbo que tomar. De repente, nos formamos en algo muy puntual; cada uno a su manera, según su capacidad. Universidad, no para todos hay, y a otros, solo nos toca trabajar; y entre ires y venires, ya programado estás. Tu cerebro se quedó en un solo canal que ya nunca más volviste a activar, aún cuando lo tengamos de manera natural; es más, ni siquiera lo tuvimos que comprar. ¡Ay, dios mío, si supiéramos cuánto tiene para dar! Él me permite reír, me permite llorar, lo sintonizo en cualquier canal y, sin ninguna objeción, me da libertad para actuar. Sorprendido estoy y muy feliz además, al lograr descubrir cuántos canales tengo aún sin estrenar; mas hoy en esta atrapandemia, me empiezo a enterar de cuántas más cosas yo puedo ejecutar. 

Un día normal, salgo de casa, eso sí, no sin antes desayunar. Me voy a misa y me tropiezo con muchas mentes para saludar, claro está, es algo habitual. Me traslado a mi segundo hogar donde un largo día voy a enfrentar, y así, situaciones poder solucionar. Una oficina me espera con todo su arsenal, dos teléfonos fijos y aparte un celular que, por fortuna, no paran de timbrar… todo el día me la paso en el mismo canal. Cuando llega la tarde, rumbo a casa derechito a descansar, porque en mi mente no pasa ninguna ayuda llegar a dar, pues mi cuerpo ya suficientemente cansado está.

Pero hoy, atrapado me encuentro en este, mi hogar, donde ya dejó de operar ese mismo canal… la sintonía cambió para mejorar, al poder descubrir cuánto potencial tenía aún sin despertar. Me dediqué a vídeos caseros crear y de manera muy artesanal, lavar, barrer, trapear y la cocina limpiar; también, por supuesto, con mi señora pelear, eso no podía a diario faltar, por cualquier trapo que se me olvidaba guardar; eso sí, nada de gravedad, por lo cual era fácil solucionar. Del deporte, ni hablar, con mis vecinos, qué creatividad… utilizando cuanto espacio hubiera disponible por ahí, pero disculpa ninguna había para no ejercitar. Las escalas fueron testigas de tanto subir y bajar, los corredores tampoco se quedaron atrás; y eso sí, cabe comentar, una entrenadora llamada Juliana con su propio estilo militar, nos ponía a sudar. Como les venía diciendo, esto no estaba programado en ningún canal, porque tiempo para el deporte, nunca jamás. De compartir, ni se diga, qué especialidad, porque con mis vecinos, tome y lleve que para todos hay. De mi vanidad, todo quedó atrás, la barba creció sin ningún afán, pero ya a su color de negro a gris cambió, y yo, de vendedor a escritor pasé; con mis vecinos, orar fue lo mejor, dando gracias al creador y, por qué no decirlo, pidiendo uno que otro favor… así, cada día de canal en canal, explorando cada situación, me iba dando cuenta de cuánto tenía para dar.

Qué atrapandemia tan peculiar, si no hubiese sido por ella, nada de esto hubiese podido pasar. Cuánto quisiera que no me soltara para poder seguir cambiando el canal y así descubrirme cada día más, seguir haciendo lo que nunca jamás podría imaginar, viviendo la vida con plena libertad y un bienestar de la mejor manera poder llevar.  

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