Por: Yolima Monsalve

«Árbol de la esperanza, mantente firme.»

El diario de Frida Kahlo

Ojos pesados, zona cervical tensionada, oídos aturdidos por el volumen del tv de mi casa y el equipo del frente… en ese estado me encuentro siendo apenas la 1:00 pm.

Intento dormir, pero no puedo dejar de pensar en mis asuntos pendientes para el resto día: teletrabajo, clase virtual, transcripciones, lecturas, escritos… quisiera tan solo parar, detenerme a reflexionar como lo requiere el momento; pero no sobre el coronavirus, ya hay suficiente infoxicación en mi mente al respecto.

Quiero evaluarme, mirar qué estoy haciendo con mi vida, cómo estoy siendo con otros, cuál puede ser la forma de afianzar mis relaciones con mi mamá, mi hermanas, mi familia completa… las amistades más cercanas con las que comparto tan buenos recuerdos, aquellas personas a las que tanto aprecio y extraño en estos momentos; así estén a tan solo un mensaje, una llamada o un encuentro sincrónico de distancia.

A mi mamá la tengo a mi lado, pero casi todo el día la ignoro, absorta en mis cuestiones personales; con una de mis hermanas me comunico más que con la otra, pero a veces debo rechazar sus llamadas o pedirle que hablemos en otro momento por lo ocupada que me mantengo y ella se muere de la risa por eso; con mis tías y mi mamita me comunico una o dos veces al día por insistencia de mi mamá más que todo, pues, como dice Mafalda:

«Como siempre: lo urgente no deja tiempo para lo importante.»

Quino

Las amistades, ay, cómo sería de bueno poder verlas de manera presencial sin sentir que me están poniendo en riesgo y/o viceversa, tal cual sucede con mi mejor amigo cada que se me aparece en la casa después de haber recorrido la ciudad entera para ir y volver de su trabajo en Emtelco; sentarme a tomar tinto con una y con otra, conversar de las cosas más sencillas y cotidianas, caminar y perderme a su lado en medio de mi andar desprevenido que bien saben encauzar siempre. Sin embargo, qué grato es saber de sus vidas por estos medios, aunque algunos se hallen abrumados por la desesperanza; escucharlos, leerlos, mirarlos… interactuar con sus voces en los encuentros sincrónicos más cercanos: el grupo de estudio de memoria, el círculo de mujeres, el grupo de estudio de BAC, algunas clases del gusto y todos aquellos que integran personas que admiro y me maravillan con su forma de ser, pensar, sentir, hablar, actuar…

«Palabras, palabras fuertes mías, concédanme unos sueños en los que pueda mirar al futuro.»

El cuento de mi vida, Andrés Caicedo

Hay quien dirá, qué muchacha tan egocéntrica, no puede pensar más allá de sí misma ni de su yo ampliado en sus círculos más cercanos… tendría razón, por supuesto. Pues, aunque inevitablemente soy consciente de la situación de otras personas y me preocupa, la impotencia que me genera el no tener la solución en mis manos para sus problemas, hace que aparte esos pensamientos y ponga el foco en mi realidad; un poco estresante en algunos momentos, pero afortunadamente cómoda en tanto tengo el alimento, las herramientas de necesidad básica para sobrevivir a esta cuarentena y, lo más importante, personas que me acompañan, ya sea desde la casa o la distancia.

Nota. Mi mamá, por su parte, se encuentra ayudándome con la tarea de hacer collage de unas frases selectas; inicialmente, con el propósito de usarlas en un proyecto de escritura que tengo planeado publicar cuando esta distopía se acabe; luego, para satisfacer su consecuente demanda de palabras, palabras y más palabras que hagan posible llenar de esperanza esas hojas en blanco que le comparto:

Qué viva la música, Andrés Caicedo
Share This