Por: María Janeth Cardona Ríos

“Dice la esperanza:
Un día la verás, si bien esperas.
Dice la desesperanza:
Sólo tu amargura es ella.
Late, corazón… No todo
se lo ha tragado la tierra”

Antonio Machado

El mundo que conocemos se tambalea
Yo me tambaleo
En esta economía de mercado que rige la oferta y la demanda
Y no tengo nada que ofrecer o -como dice Silvio Rodríguez-:
“Casi nada, que no es lo mismo pero es igual”. 

Y tengo miedo porque no tengo nada, nadie tiene nada, todo lo debemos a los bancos y hasta la comida la compramos a plazos.

Lo más paradójico de todo, es que incluso quienes son dueños del capital (no los grandes dueños, ciertamente) se dieron cuenta de que el único que los puede proteger es un Estado, cada vez más pequeño y débil; igual que nosotros.

La vuelta a los orígenes, Changall

Y todo esto no sólo pasa aquí, pasa en todo el mundo, en casi cada rincón del planeta: Estados débiles, empresas llevadas a la quiebra, empleados sin salario o sin saber hasta cuando los van a tener; todos con miedo e incertidumbre, todos confinados, todos cambiando.

Algunos reflexivos sobre el mundo, sobre la destrucción de la naturaleza, sobre este capitalismo salvaje que lo arrasa todo a su paso. 

Se ven diariamente actos de solidaridad hermosos, gente de todo el mundo compartiendo información, conocimiento y cultura. Pero también actos mezquinos, de personas que se lanzan a las calles a impedir que seres humanos sin casa duerman en una cancha; no los quieren en sus vecindarios, defienden “su propiedad” y piden a gritos control y castigo cada vez más severo contra los que no tienen techo, no tienen comida… los condenan a la muerte.

Estamos súper controlados, vigilados, mimetizados, con las libertades reducidas, las mieles de la ley de oferta y la demanda se convirtieron en un veneno para todos; estamos solos, con miedo y sin nada.

Reconozco que hablo desde el privilegio de tener un salario, amor y hasta dos bellos gatos que hacen más llevadero todo, pero el encierro, la pensadera y el insomnio que nunca había sido mi amigo, ahora se posan en mi almohada todas las noches a atormentarme con los escenarios más oscuros. 

Trato de valorar lo que tengo, mantenerme optimista, tener una palabra amable para la gente que quiero, ocupar el tiempo, aprender algo y a veces hasta me emborracho por hangouts.

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