Por: Natalia Duque

«La ciencia es el padre del conocimiento, pero las opiniones son las que engendran la ignorancia».

Hipócrates

Nota. Publico estas ideas en el blog de BAC, sin embargo, son mis sentires en primera persona, no en plural.

Sí, van exactamente treinta días de cuarentena, en nuestro caso, en el de nuestra familia. Treinta días que, si bien pueden haber servido para mucho, también pueden no haber servido para nada; incluso, esto no tendría por qué alterarnos. Lo mejor de todo es que ya no nos altera. Sin embargo, hay algo que sí me sigue generando una profunda molestia, rasquiña, prurito que termina generalmente en llanto y conversaciones con el Flaco, cuya existencia ha sido un regalo reconfirmado en esta situación. 

Quienes me conocen saben que, con 17 años, egresada del CEFA, pasé a estudiar Ingeniería Física en la Nacho de Medellín, que hice 12 semestres y que me faltaron sólo 2 materias (biofísica -que ya iba a tercerear- y Taller V), además de la tesis para titularme. Si bien esta fue una experiencia compleja en mi vida por diversas razones, hoy la recuerdo muy gratamente, aunque desde el primer semestre me haya enmudecido gracias al ultraje científico que un compañero ejerció sobre mí en Cálculo I por no entender derivadas, un tema de “colegio”; si bien no tengo un título, la física me permitió -y lo sigue haciendo-, una amplia mirada del mundo. 

Empero, cuando decido irme a las Ciencias Humanas y Sociales, donde me he quedado, siento una especie de confort con una de mis partes, la romántica, la literaria, la pachamamerta -como me enseño a decir Vivi-. Sin embargo, hace ya un tiempo y ahora con más ahínco, me he sentido como en el curso de Cálculo I, pues siento una profunda incapacidad de escucha entre áreas, entre Ciencias, entre los sujetos que hacen parte de estos campos de conocimiento; lo cual, en este momento se hace más notorio. Mientras veo a amigas y amigos de las CNyE explicándonos qué es lo que está sucediendo, cómo hacernos cargo, cómo sumar, y pidiéndonos a todos, no sólo al Estado, garantías para su ejercicio, veo a amigas y amigos de las CSyH publicando noticias y contenidos que generan mayor desazón en este momento (excluyo de esta idea a las Artes y Humanidades que se han dedicado a alentar el espíritu con música, cuentos, cantos, pintura).

Cada vez que entro a redes, comienzo a encontrar información que muestra una punta del iceberg de esta crisis, de la cual siempre nos hemos ocupado: la falta de recursos, la paranoia, la desigualdad, un arma biológica, en fin… pero poco veo la posibilidad que nos damos de comprender como humanas y humanos lo que sucede, lo que está sucediendo y el por qué ha sucedido. Hoy nos quedamos cortos con teoría social para explicar un fenómeno mundial y requerimos una mirada compleja y holística despojada de narcisismos revolucionarios e intelectuales que nos permita como HUMANIDAD caminar en esta crisis y no sólo insistir en que lo que sucede es una única cosa y responsabilidad de una única persona, de un único actor; esto es responsabilidad de todos, el asombro como consecuencia a lo que nos acontece no es más que una máscara de hipocresía y desidia para no hacernos cargo de lo que como especie hemos ocasionado. 

Lo último que leí que me colapsó el estómago fue: “No, el médico que murió no es un héroe. Dejen de romantizar todo. Este tipo es una víctima de la precariedad y (el) abandono del Estado y la porquería del Sistema de Salud que no les da siquiera los elementos básicos de protección.”

Por supuesto, sé y he vivido lo precario de un Sistema de Salud como el colombiano y más después de la Ley 100; no es novedad para mí el abandono estatal, sin embargo, sé que no sólo para mí, sino para muchas personas, no sólo médicos y médicas son héroes y heroínas en este momento, lo es todo el personal de la salud vinculado de algún modo a las actividades sanitarias que están atendiendo esta contingencia; y que por medio de comentarios se tomen el fin de una vida para denunciar situaciones que sólo son la punta del Iceberg, es para mí tan lamentable como las comunicaciones oficiales lamentando la muerte del mismo ser humano. 

Héroe viene del latín hērōs, hērōis a su vez del griego antiguo ἥρως (hērōs, «héroe», «semidiós»), de la raíz indoeuropea *ser- («cuidar», «proteger»), no estoy hablando de Marvel o DC Comics, con esto sólo quiero referirme a que quienes están afuera exponiendo su humanidad (lo cual yo no estoy haciendo en este caso, lo que no quiere decir que no aporte; pues aprendí gracias a Hanna -una compañera del colegio- que quedarme en casa es también sumar), es una tarea que para mí tiene que ver con un bien común, una condición de humanidad plena. Desprovistos (ya sabemos porqué), están haciendo una labor por todos y todas. Y por supuesto que tienen miedo, por supuesto que debemos exigir mejores condiciones para su labor, pero que el narcisismo ideológico no nos ciegue para hacer uso del dolor que acontece a un ser y sus familias y desconocer que son héroes y heroínas, en lo esencial de la palabra hombres y mujeres, que, pese a las circunstancias, se convierten para muchas personas en objeto de admiración por su labor. Hoy incluso la figura del profesional de la salud es una especie de semidiós a nivel mundial.

La noche que leí esto, lloré y hablé con el flaco, menos mal él existe y desde otra orilla me habló del porqué para él si eran héroes, y también de la incapacidad que tenemos casi siempre para escucharnos y en vez de hacer de esta una oportunidad de escucha para crecer como humanidad, seguimos replicando métodos cartesianos para mantener la división de problemas comunes; él cree que no aprenderemos nada, que saldremos igual y seguiremos peor, e incluso, que vendrán cosas mucho peores por seguir siendo incapaces de encontrarnos en lo que nos une y en nuestras responsabilidades compartidas como humanidad en esta crisis 

Yo quiero creer que no saldremos igual, que algo cambiará, que seremos capaces de dejar de pensar en conspiraciones y en preguntarnos ¿cuál es nuestro lugar en esta historia? ¿cómo nos hacemos cargo? ¿qué estamos haciendo o dejando de hacer? ¿cómo saldremos con una mejor versión de cada uno y de cada una? El mundo que nos duele, no se construye sólo desde el materialismo, requiere ampliar nuestra visión del mundo, nos implica escucha, cuidado y delicadeza por el cómo transitamos por él; por supuesto tropezamos, yo tropiezo más de una decena de veces al día y espero cada vez que esto me permita en vez de desencantarme, no perder la esperanza en la humanidad.

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