Janeth Cardona

No sé en qué momento me conecté con las aves, simplemente pasó. Cualquier día las empecé a ver, a escuchar, a reconocer y a fotografiar; ellas se empezaron a revelar ante mis ojos y los ojos de mi cámara, lo que me permitió empezar a investigar y aprender de ellas. Siento que desarrollé una nueva habilidad, una sensibilidad particular que pasa por el oído y luego afina la vista. Hasta he podido ver aves muy pequeñas y las que mejor se camuflan.

Vivo al frente de un parque, escucho los pájaros carpinteros todo el tiempo; pero nunca los había visto, hasta que un día vi un Carpintero Real. En medio del follaje de los árboles, pude distinguir su impresionante figura.

Inmediatamente fui por la cámara y me pude encontrar con sus contornos, detalles y movimientos, un ave espléndida, sin duda alguna.

Pero mientras estaba tomando fotos, llegó un segundo visitante, otro Carpintero Real. Me sentí afortunada por poder fotografiar dos aves de tan magnífica belleza juntas.

Y antes de finalizar esta historia, debo contarles que aparecieron dos pequeños carpinteros, seguro eran sus polluelos, los cuales iniciaban su entrenamiento de vida silvestre de la mano de sus padres, asegurando una nueva generación.

Este tipo de encuentros nos conectan con la vida, con la belleza, y nos llenan de esperanza sobre el futuro, en estos días llenos de tanta oscuridad.

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