Foto cortesía Ela Agudelo

En un país tan urgido de cambios, ha llegado el momento de que las bibliotecas escolares pasen a un primer plano, que sean protagonistas, ya que la biblioteca escolar como entidad viva dentro de las instituciones educativas, principalmente del sector oficial, ha estado sumida en la marginalidad.  

Me atrevo a decir que la biblioteca escolar es por naturaleza parte vital de la formación ciudadana, así como también, una organización dinámica y transformadora. Es allí donde se establece para la gran mayoría, el primer contacto con los libros, por ello, debe estar pensada desde su base para ser un lugar digno, con todos los elementos y recursos adecuados para su funcionamiento, que apoye el currículo de la institución educativa; un espacio de encuentro con el aprendizaje y la enseñanza.

Es imprescindible que las bibliotecas escolares sean un espacio agradable y abierto, que puedan relacionarse con su entorno social y cultural, donde se fortalezcan las capacidades de todas las personas como seres únicos e irrepetibles, espacios vivos y dinámicos donde se pueda potenciar la creatividad.

Una biblioteca escolar que nos enseñe a reconocer y rescatar el valor original del personal bibliotecario y de los educadores como acompañantes de los procesos de enseñanza y aprendizaje, una biblioteca cuyos recursos estén encaminados a fomentar las discusiones y el debate como procesos de apropiación social. Elementos que contribuyan al desarrollo, la autonomía, el sentido crítico y de comunidad, que permitan propiciar el cambio y la transformación del entorno.

En consecuencia, debe existir una comunión entre Estado, bibliotecas, instituciones educativas, maestros, personal administrativo, bibliotecarios, estudiantes y padres de familia.

Les invito a todos y a todas a brindar su apoyo y a estar pendientes de los próximos debates del Proyecto de Ley de Bibliotecas Escolares.

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